Los dos jovenes amantes caminaban juntos, abrazados, por ratos de la mano, riendoce del momento y felices. Ambos preocupados por el mañana. Compartiendo la nostalgia del ayer. Todo cotidiano, especial y extraño, ambos disfrutaban las emociones que sentían a cada momento.
Se asercaron a un vendedor ambulante. Pese a ser primavera, la venta de abrigos y accesorios contra el frío perduraba, era la primavera más fría de la historia. El cambio climático era una cuestión casi impredecible. "Es como si Dios pusiera el clima que le da la gana", había comentado un reportero de televisión. Unos anunciaban que era "el castigo de Dios", mientras que para otros era simplemente la hora del "Fin del mundo". Pero para los amantes parecía no importarles nada más que su momento actual, ese momento que lo vivían con gran intensidad. El señor ambulante, muy abrigado, los vió venir, notaba en ellos la máxima felicidad jamás expresada ante sus ojos -ellos no necesitan abrigos- se dijo, al notar, también, como en vez de caras encogidas o cuerpos entumecidos, la sonrisa y sus gestos eran lo que proporcionaba el calor entre ellos.
Él se le acercó con la mirada fija y rostro sonriente ante el vendedor, lo saludó, y al darle la mano, el vendedor palpó un objeto que le era familiar. Luego que el joven soltace su mano, miró al amor de su vida y se dieron un beso. El vendedor, algo confundido, llevó la moneda a su bolsillo luego de identificar su valor.
-Buenas tardes - saludó la señorita.
-Cómo está señorita? -preguntó el vendedor- mire lo que hay por aquí, unos lindos mitones para la jovencita más hermoza de este pueblo.
-Gracias -respondió sorprendida al gesto del señor.
-Es bonita, muy bonita -dijo el joven- cuanto es el costo?
-No se preocupe, es un obsequio.
-Muchas gracias señor, pero creo que no puedo aceptarlo -dijo la mujer.
-No te preocupes amor, yo lo pago -le dijo el joven a su amor- podría repetirme el costo por favor.
El vendedor sumamente confundido le dijo el precio.
-Amor, en ese caso, comprame esa bufanda.
Ambos notaron que el precio era muy elevado y que no era posible adquirirlo, ella se conformó con los mitones aunque en el rostro no se le quitaba la muequita de desilusión o inconformidad, pero luego de unos minutos, miro a su pareja a los ojos y le dijo que lo amaba, que no se preocupe, que ellos tendrán otra oportunidad para adquirir la bufanda. Él la miró a los ojos y le dijo que la amaba y que también confiaba en el momento que él le dea la bufanda. Ambos se sentaron en la banca del parque que siempre concurrían, ella lo miró y luego contempló los mitones mientras sentía la suavidad de del algodón deslizarce, ella cerró los ojos y solo exclamó: "Te amo"; él acercó su boca al oido de su hermoza pareja y le susurró: "Feliz cumpleaños amor".
Un timbre casi ensordecedor levantó de un brinco al profesor; desconcertado él, se fijó de la hora -que extraño, que hermozo, que ...- él miró la cómoda frente a su cama, concentró su mirada en el animalito amarillo que lo miraba -... a ti también te gustó?.
Él se levantó,conciliando la vida real y el sueño, y la idea de ser profesor de filosofía.
jueves, 28 de junio de 2007
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